viernes, febrero 09, 2007

Hoy me dió miedo cagar.

No pude tolerar pensar en que de mi cuerpo puedan salir esos cerototes.
Pinches masas cafés, grumosas, brillosas, calientitas y extremadamente apestosas.

Después, me dió miedo pensar que mi intestino era el culpable de que yo tuviera que pasar por el trauma de sentarme a un excusado todos los putos días, dos y hasta tres veces.
A veces, a mitad de la comida, me tengo que parar a cagar.
Picture this!
Vengo de comer, ok??
Estoy a mitad de un spaguetti y una copa de vino.
Ligándome a la nalga del siglo (según yo) y tengo que ir
a bajarme los pantalones y sentarme en un lugar público a cagar...
Son chingaderas!!!
Y en algunos baños ponen pantallitas con unos anuncios hechos con las nalgas (muy adhoc con el lugar en el que se van a presentar), como para que me sienta más cómodo mientras evacúo mis desechos tóxicos.

Así que, si me reviento un pedo cerca de ti... ten miedo! no he cagado en todo el día...

Me levanto con miedo... y me da miedo levantarme...

Por qué no decirlo?
A fin de cuentas, por qué le tenemos tanto miedo a la honestidad?
Tanto miedo a reconocer nuestras debilidades???
En el mundo ideal (si, ese, el utópico), reconocer las debilidades es
precisamente lo que hace a un ser humano más fuerte.
O bueno, por lo menos esa es la teoría.
Pero, yo qué voy a saber?!?
Nomás soy el que salió y lo dijo... y mientras tanto, me da
miedo publicar este post.